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¿Cómo prepararse para un mercado laboral cambiante? Las cajas de compensación en Colombia, claves en desarrollo

Actualidad economica y sectorial05-03-2026

Tiempo de lectura: 8 minutos

Por Equipo editorial
Capital Inteligente
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Grupo de personas en una sesión de formación laboral utilizando computadores, representando la preparación para un mercado laboral cambiante en Colombia y el rol de las cajas de compensación.

Colombia atraviesa una de las transformaciones más profundas de su mercado laboral en décadas recientes. La informalidad estructural, la digitalización acelerada de los procesos productivos, la emergencia del trabajo independiente y los cambios demográficos, configuran un nuevo escenario en el que la educación y la formación para el trabajo dejan de ser una opción y se convierten en una condición ineludible para la empleabilidad y la movilidad social. 

En este contexto, las cajas de compensación familiar emergen no solo como un mecanismo redistributivo del ingreso, sino como un actor central en la arquitectura de protección social y en la construcción de capacidades laborales del país.

Los datos más recientes de Asocajas (con corte a octubre de 2025), arrojan una señal de alerta que merece lectura cuidadosa. Las afiliaciones totales al Sistema de Compensación Familiar disminuyeron un 0,3 % frente al mismo mes del año anterior, situándose en 10,67 millones de personas. Si bien la magnitud del descenso parece modesta en términos relativos, el contexto le da peso: es la segunda caída más pronunciada desde 2020, cuando la pandemia redujo las afiliaciones en casi un 8%. 

Que se registre una contracción en un período de crecimiento económico moderado pone en evidencia una desconexión entre el dinamismo agregado de la economía y la calidad o cantidad del empleo formal que se genera.
 

La caída no es homogénea. Los afiliados dependientes, es decir, los trabajadores vinculados al sistema a través de un empleador formal, se redujeron en aproximadamente 13.000 personas. Pero la cifra más inquietante desde el punto de vista de la sostenibilidad del modelo es otra: los afiliados de categoría C —trabajadores de mayores ingresos que no reciben subsidios, pero cuyas cotizaciones financian buena parte de los beneficios para los demás grupos— se redujeron en 46.000 personas, una caída del 4,9 %. 

Perder esta base equivale a erosionar silenciosamente el motor redistributivo del sistema y, con él, la capacidad de financiar programas sociales y de empleabilidad para los segmentos más vulnerables.

La geografía de la contracción también es reveladora. Bogotá-Cundinamarca y Valle del Cauca registraron caídas en afiliaciones de dependientes cercanas al 2 % y explicaron conjuntamente -0,8 puntos porcentuales del retroceso nacional. 

En contraste, departamentos más pequeños como Chocó, San Andrés y La Guajira mostraron crecimientos superiores al 7 %, lo que sugiere procesos de formalización en territorios históricamente rezagados, aunque desde bases muy bajas. 

Gráfico de barras sobre la variación de afiliaciones dependientes al sistema de compensación por departamento en Colombia para 2025, con incrementos en Chocó, Orinoquia y San Andrés, y caídas en Casanare, Norte de Santander y Cesar.

Esta polarización plantea uno de los dilemas centrales del sistema: la formación para el trabajo tiende a concentrarse donde la oferta ya es abundante, y no necesariamente donde la necesidad es más urgente.


El trabajador independiente: el gran protagonista del cambio

Si hay un hallazgo que tiene implicaciones directas para la agenda de educación y empleabilidad es el análisis del universo de trabajadores independientes en el período 2019-2024.
 
Este segmento ha crecido a una velocidad cuatro veces superior a la de los aportantes dependientes. Mientras estos últimos aumentaron un 15,3 % en el quinquenio, los independientes lo hicieron en un 62 %. De los nuevos aportantes incorporados al sistema en ese período, el 58 % corresponde a trabajadores independientes.
 
Lo que esta cifra revela no es solo un fenómeno de formalización progresiva del trabajo autónomo. Es, más bien, la huella estadística de una reconfiguración profunda del mercado laboral colombiano: plataformas digitales, economías de encargo, freelancing, microemprendimiento urbano y rural están siendo absorbidos —parcialmente— por el sistema de compensación.

Hoy los independientes representan el 28 % del total de aportantes, cerca de 245.000 personas, según los datos de la PILA a 2025. Y, sin embargo, su contribución económica al sistema sigue siendo marginal: apenas el 0,6 % de los aportes totales. Esta paradoja —muchos nuevos aportantes, muy pocos recursos— es el núcleo del problema que la formación para el trabajo debe resolver. El aporte per cápita de los trabajadores independientes creció apenas un 35 % en el período 2019-2024, por debajo de la inflación acumulada del 39 %. 

En términos concretos, el independiente típico que cotiza al sistema, aporta un equivalente al 2 % de un salario mínimo, similar a un trabajador dependiente de tiempo parcial con remuneración mínima. Esa cifra no es un dato fiscal: es el termómetro más honesto del nivel de productividad e ingreso de este colectivo, y confirma que, sin formación de calidad, la formalización del trabajo independiente no se traduce en bienestar real.

La concentración geográfica del fenómeno agudiza la lectura. Bogotá-Cundinamarca agrupa el 55 % de los aportantes independientes del país, frente al 30 % que representa en los dependientes. Tres departamentos —Bogotá-Cundinamarca, Antioquia y Valle— aglutinan el 83 % del total de independientes registrados. 

Esta hiperdensificación metropolitana contrasta con la dispersión del trabajo informal en las regiones periféricas, donde las barreras de acceso a la seguridad social y a la formación técnica son significativamente mayores.

Comparación del crecimiento de aportantes independientes frente a empleadores entre 2019 y 2024, con un aumento del 62 % en independientes y del 15,3 % en empleadores.

Gráfico de línea que muestra la variación anual de afiliados al Sistema de Compensación Familiar entre 2019 y 2025, con caídas en 19/20 y 23/24 y picos de crecimiento del 5,9% y 8,5% en 21/22 y 22/23.

Las cajas de compensación como plataforma de formación: potencial y responsabilidad

Las cajas de compensación familiar (CCF) no nacieron como instituciones educativas, pero la lógica de su existencia las empuja inexorablemente hacia ese rol. 

Con 831.000 unidades aportantes registradas a mayo de 2025 (un crecimiento del 3,3 % interanual), las CCF tienen acceso directo a la demanda laboral más granular del país: conocen qué sectores contratan, qué perfiles buscan, qué territorios crecen y cuáles se contraen. Ninguna institución educativa convencional cuenta con esa información en tiempo real. Esa ventaja epistémica es, en sí misma, un activo estratégico para el diseño de programas de formación pertinentes.

En el campo de la formación para el trabajo, las CCF ofrecen programas de Educación para el Trabajo y el Desarrollo Humano (ETDH) que incluyen cursos técnicos, diplomados, certificaciones de competencias laborales y formación continua orientada a sectores con alta demanda de mano de obra. 

Estas ofertas cubren desde tecnologías de la información y manufactura avanzada hasta servicios, turismo, logística y cuidado de personas. Su capacidad de actualizar la oferta con mayor agilidad que el sistema educativo formal, combinada con la proximidad a los trabajadores afiliados y sus familias, las convierte en un eslabón insustituible de la cadena de empleabilidad.

La reconversión laboral o reskilling es quizás el ámbito donde las CCF tienen el mayor potencial de impacto en los próximos años. La automatización y digitalización de los procesos productivos está desplazando categorías enteras de empleo rutinario, tanto en manufactura como en servicios. 

Trabajadores de mediana edad con trayectorias largas en un mismo sector se encuentran ante la necesidad de adquirir nuevas competencias en un lapso relativamente corto. Este proceso requiere programas de duración media, económicamente accesibles y geográficamente cercanos: exactamente el tipo de oferta que las CCF pueden estructurar con ventaja frente a la educación superior convencional.

Además de la formación directa, las CCF desempeñan un papel crucial en la intermediación laboral activa, la orientación ocupacional y el apoyo al emprendimiento. Los servicios de bolsa de empleo, los programas de acompañamiento a la búsqueda de trabajo y las iniciativas de apoyo al microempresario contribuyen a reducir las fricciones del mercado laboral y a acortar los tiempos de inserción o reinserción laboral. 

En un contexto donde el 46 % de los nuevos aportantes corresponde a independientes, pensionados y facultativos, estos servicios adquieren una nueva dimensión: ya no se trata solo de conectar trabajadores dependientes con empleadores, sino de fortalecer las capacidades de gestión de quienes trabajan por cuenta propia.

 

Compensar y Comfama: los modelos que el sistema debe aprender a escalar

La distribución de los aportantes independientes entre las distintas cajas de compensación no es aleatoria. 

Compensar y Comfama concentran el 56 % de todos los independientes afiliados al sistema, y su liderazgo en este segmento es el resultado de estrategias deliberadas de captación, simplificación de procesos de afiliación y diseño de una oferta de servicios que resulta atractiva para el trabajador autónomo. 

Compensar es un caso especialmente notable: es la única caja del país que ha alcanzado una cuasi paridad entre aportantes independientes y dependientes, con una relación de 1,2 dependientes por cada independiente. En noviembre de 2024, alrededor de 111.000 trabajadores independientes —el 38,5 % del total nacional— cotizaban en esta institución, según las cifras consolidadas de Asocajas. 

Este dato tiene implicaciones directas para el diseño de la política pública y para la estrategia del resto del sistema. El éxito de Compensar y Comfama sugiere que la ecuación correcta combina agilidad en los procesos de afiliación, pertinencia de los servicios ofrecidos —en particular educación, salud, recreación y vivienda— y proximidad con las comunidades de trabajadores informales o autónomos. El reto para las demás CCF es replicar o adaptar estos modelos en contextos territoriales con dinámicas distintas.

Comfamiliar Risaralda y Comfaboy se llevan también una mención especial. Ambas cajas de tamaño mediano estuvieron cerca de cuadruplicar el número de aportantes independientes en el quinquenio analizado, lo que demuestra que el crecimiento acelerado en este segmento no es exclusivo de las grandes CCF metropolitanas. Risaralda, Boyacá y Bolívar fueron, de hecho, los departamentos más dinámicos en incorporación de independientes al sistema, con crecimientos que más que triplicaron el promedio nacional del 62 %.
 

ALT	Gráfico de barras que muestra la variación de afiliaciones al Sistema de Compensación Familiar por categoría en 2025: categoría A con −0,2 %, categoría B con 0,9 % y categoría C con una caída de −4,9 %.

La brecha regional: el Caribe, un llamado urgente a la acción

El análisis por departamentos expone una de las brechas más críticas del sistema en materia de cobertura y formación. Mientras Bogotá-Cundinamarca concentra el 55 % de los aportantes independientes, departamentos de la Región Caribe como Atlántico, Magdalena, Sucre, Córdoba, Cesar y La Guajira, presentan una relación muy baja entre independientes y dependientes —en algunos casos de 1 a 13 o 1 a 14—, muy por debajo del promedio nacional de 1 a 3. 

El propio informe de Asocajas es explícito al respecto: las cajas de la Región Caribe deben intensificar sus estrategias de vinculación de trabajadores independientes, reducir la brecha frente a los dependientes y fortalecer la cobertura social en sus territorios.

Esta recomendación tiene una lectura doble desde la perspectiva de la educación y la empleabilidad:

  • La baja penetración del trabajo independiente formalizado en el Caribe no significa ausencia de trabajadores autónomos: significa que esos trabajadores están desprotegidos y fuera del alcance de los servicios que las CCF podrían ofrecerles. 
  • Si las cajas de esa región lograran captar a ese universo de trabajadores informales y dotarlos de formación técnica, certificación de competencias y orientación para el emprendimiento, el impacto sobre la inclusión social y la productividad regional sería considerable.

 

La agenda pendiente: pertinencia, territorialización e inclusión del independiente


Ante este panorama se configura, en su conjunto, una hoja de ruta implícita para la política de formación y empleabilidad de los próximos años. 

  1. El primer imperativo es la pertinencia. Los programas formativos deben responder a las señales reales del mercado laboral, aprovechando el conocimiento privilegiado que las CCF tienen de los 831.000 empleadores afiliados. 
  2. El segundo imperativo es la territorialización. La heterogeneidad regional documentada en el boletín —desde departamentos del Caribe con bajísima penetración del trabajo independiente formalizado, hasta ciudades intermedias con crecimientos explosivos en ese segmento— exige estrategias diferenciadas. Una misma oferta formativa no puede funcionar igual en Bogotá o en Montería, así como en Medellín o en Quibdó. Las CCF que operen en territorios con mayor rezago deben asumir un rol más activo en la construcción de oferta, incluso si eso implica operar con economías de escala menores.
  3. El tercer imperativo es la inclusión del trabajador independiente como sujeto pleno de la política de formación. Durante décadas, los programas de empleabilidad de las CCF estuvieron diseñados pensando en el trabajador asalariado vinculado a una empresa formal. La explosión del trabajo autónomo —que ya explica el 58 % de los nuevos aportantes al sistema— exige rediseñar esos programas con otra lógica: no insertar al trabajador en un empleo existente, sino fortalecer sus capacidades para gestionarse en un mercado fluido, diversificar sus ingresos, certificar sus competencias y acceder a redes de oportunidades.

El mercado laboral colombiano está cambiando con una velocidad que los sistemas de formación convencionales difícilmente pueden seguir. Las cajas de compensación familiar, con su alcance nacional, su base de datos de trabajadores y su mandato de redistribución social, confirman que es necesaria una transformación con pertinencia territorial y la urgencia que exige un mercado laboral en plena mutación.

 


Fuentes:

  • Boletín Sistema de Compensación Familiar 2025, Asocajas — Gerencia de Análisis e Investigaciones Económicas: https://confa.co/asocajas_afiliaciones/ 
  •  Información de la Superintendencia de Subsidio Familiar (Supersubsidio), julio 2025. 
  • Planilla Integrada de Liquidación de Aportes (PILA). Datos preliminares 
     

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